Fuera del libreto

Naranja, amarillo, violeta y fucsia: los colores que nadie se anima

Por Toia de Kiev · 7 min de lectura

«Tengo cincuenta vestidos en colores que casi nadie pide. No es que no funcionen: es que nadie los prueba. Y las que los prueban se los llevan.»

Hay un patrón que veo todas las semanas. La clienta entra pidiendo negro, verde o bordó. Le acerco un naranja o un amarillo casi como broma, y en la mayoría de los casos se lo prueba por compromiso. Y en muchos de esos casos sale del probador sorprendida. El problema de estos colores no es que no favorezcan: es que nadie se los imagina puestos.

Naranja: el que ilumina la piel

El naranja es el color más injustamente ignorado del catálogo. Tiene una calidez que levanta el tono de piel de manera inmediata, y en una fiesta de noche es exactamente lo que uno quiere: que la cara se vea encendida y no apagada.

Funciona especialmente bien en pieles con subtono cálido y en verano, cuando la piel está más dorada. Y tiene una ventaja social concreta: en un salón donde el ochenta por ciento va de negro, azul o bordó, el naranja se recuerda.

Amarillo: el más difícil y el más agradecido

No voy a mentir: el amarillo es el color más exigente de todos. Un amarillo limón sobre una piel muy clara puede vaciar la cara por completo. Pero cuando encontrás el amarillo correcto para tu tono, el efecto es difícil de igualar.

La clave está en la temperatura del amarillo, no en su intensidad. Los amarillos con base dorada o mostaza funcionan con casi todo el mundo; los amarillos ácidos son para pieles con más contraste. Es el color que más conviene probarse antes de descartar, porque la intuición se equivoca casi siempre.

«Nadie recuerda el cuarto vestido negro de la noche. Todo el mundo recuerda el único naranja.»

Violeta: el color de la sofisticación silenciosa

El violeta es el que menos se pide y el que mejor resultado da. Está en un lugar rarísimo de la paleta, entre el azul profundo y el rosa: tiene la presencia de un color saturado con la elegancia de un tono oscuro.

Es el más versátil de los cuatro. Funciona de día y de noche, favorece a pieles claras y oscuras por igual, y combina tanto con plata como con dorado. Si vas a probar uno solo de esta lista, que sea este.

Fucsia: el que no admite medias tintas

El fucsia es una declaración. No hay manera de usarlo discretamente y ese es justamente el punto. Es el color que mejor se fotografía de todos, y para eventos donde querés que te vean, no hay nada más eficaz.

Cómo animarse sin arrepentirse

Probátelo antes de opinar. Es el consejo más importante de toda esta nota. La imagen mental que tenemos de estos colores casi nunca coincide con cómo se ven puestos.

El color fuerte va solo. Si el vestido es naranja, el resto del look es neutro. Nada de accesorios en colores que compitan.

Mirate con luz natural y con luz artificial. Estos colores son los que más cambian según la luz. Un violeta de día y de noche son casi dos colores distintos.

La temperatura importa más que el color. No existe «el amarillo»: existen amarillos cálidos y fríos, y con vos funciona uno de los dos.

Son ideales si vas a varios eventos con la misma gente. Justo al revés que el negro: se recuerdan. Usalos cuando querés que esa noche se note.

Probate un color que nunca hayas usado. Es gratis y no siempre te vas a arrepentir.

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